lunes, 12 de septiembre de 2016

Más que amor

Quisiera que de mí fluyan como cintas de raso, suaves y dóciles, que se se escapen de los dedos con la caricia de la seda. Sin lugares comunes ni prosa oxidada.  Quisiera tener fines y respuestas, del tipo de los que dan paz mental y certezas, que en un instante voy a querer derribar. Nunca pude lograr transformar en letras la sensaciones y pensamientos que me hostigan en ese aparente mar quieto. Me concentro en buscar palabras que salgan espontáneas para crear un sentido de algo que no termino de descifrar. Ese es mi máximo anhelo, decir todo eso que no tengo forma de comprender en vagos remolinos de conexión neuronal. Sé que hay algo más que lo que sé. A veces sueño, cada tanto, algo parecido a la premonición. No llega a serlo, y no me conformo con disfrazarlo de percepción. Me gustaría que algo más elevado que mi ser, me poseyera y pueda transfigurarme en alguna forma concreta, tocable, decible, estable, una forma mueble. No me alcanza con la paz. Me subleva la quietud mental, siempre me regocijo con la obligación autoimpuesta de la decisión. La elección es vital en mi configuración metabólica. No reniego de mi capacidad de análisis, de mi objetivación sentimental. Confieso que he aprendido a manipular emociones, también soy selectiva con los sentimientos y amoldo a mi forma el sentir. Soy una máquina bajo control, con fugaces estallidos hormonales, cada vez con menos agua derramada de los lagrimales. No me siento insensata. Pero no me alcanza con el amor. Llego a él de manera fácil, lo acepto como verdad absoluta. Pero no me alcanza con el amor. Me considero ambiciosa de vida, de ser algo más que la persona que ama ¿Hay más que eso, acaso? Hay. O tal vez es lo que quiero creer. En Mar del Cielo encontraron un meteorito de 30 toneladas bajo tierra. Ayer la verdad absoluta y amorosa decía que no había un meteorito bajo tierra. Hoy dice que sí, hoy muestra que el amor es moroso, debe mucho más de lo que da. En Mar del Cielo, en Buenos Aires y en Londres, en Indonesia y en Mar Chiquita también. Tiene que haber más que verdades absolutas, más que meteoritos enterrados, más que deudas y dudas. Tiene que haber mucho más que amor.

jueves, 30 de julio de 2015

Abandono de hogar

Juntos en esa casa, formamos el hogar. Yo llegué primero, después vino él.
Ayer saqué mi llavero y esas llaves dejaron de ser las que abrían nuestra puerta. De la baulera salió todo y volvió a su lugar. Como el primer día, el sillón allá, esa cama con la colcha floreada. La mesa de Bridge que nunca usamos porque siempre comimos en la cama, volvió a tener el mismo mantel naranja. Ese que era nuestra manta para el río las tardes de verano. Sacamos los cuadros, las luces, los gatos. Hicimos el vacío de nosotros, llenamos con todo lo otro. Los cactus que dibujé con él cuando todavía no era su casa, en el patio quedaron. La pared azul de noche plastilina que pintamos en el cuarto también. Me llevé los pájaros de cerámica que había en la entrada, pero los peces que nadaban a contramano los dejé. En el baño quedó la paz en el espejo, pero todo lo demás se fue. En pocos días el hogar entró en cajas y se transformó de nuevo en esa casa. Que ya no era la nuestra, ni la mía ni la de él. 

51 mts

Me desvanezco en el agua, en la claridad de lo profundo. Son esos cincuenta metros en los que no veo nada. Se empañan algunos recuerdos, palabras risueñas del ayer. Me sumerjo y se van. Todo se diluye en cada bocanda de aire mezclada con burbujas que contienen tanto de mí, de vos, de una ceremonia que no se festeja pero se celebra al renacer. Te miro en lo hondo, con esos ojos míos que no se distinguen en los de nadie, que no dibujan pupilas, que no dicen casi nada pero son tan transparentes como el agua clara que en cada brazada te destiñe. No veo aunque estoy mirando. Un velo de humedad indescifrable adivina figuras de antes, de abrazos en mis brazos que se mueven hacia adelante, revolviendo el mar enjaulado, sacando agua para dar paso a más agua. Creo a veces que estás ahí, enseñándome como antes, hasta el infinito cercano, que los dos sabemos que termina en el otro extremo. Llego, siempre llego y vuelvo a salir sin respirar tanto como debería. No quiero tener ese tiempo para pensarte, recordarte a mi lado o atrás, siguiendo mi agua, bordeando la estela de mi lento avanzar. Podría hacer esto hasta el último suspiro, pero en algún punto me detengo. Dejo fluir todo el cuerpo, suspendiéndome en la contención del líquido. La pausa es efímera, pero me alcanza para encontrarte. Más allá del otro extremo. Las gotas chorrean en charcos a tu lado. Pasaste los cincuenta metros y eso te deja afuera de mis aguas.

¿Para qué?

Tal vez nada de esto tenga sentido.
Vos tan vos y yo tan yo.
Vos y yo tan nosotros.
Ya sé. Es el tiempo que todavía no se fue.
Esto es una tontería.
Vos intacto. Yo igual.
Me pregunto para qué.
Las razones ya las sé, aunque a veces dudo.
No decido si quiero más lo que no quiero que lo que quiero.
Así de complejo, así de simple.
Vos, siempre vos. Y ya, la misma de recién.
Nosotros, intocables, inalterables.
Por más de que estés allá.
Por más de que yo estoy acá.
Enlazados, separados, no entiendo para qué.

Cumplisaños

En una ceremonia que no merece mi festejo, te regalo el silencio de mi voz, el todo de mi ausencia, el hueco de mi abrazo, lo seco de mis lágrimas, el viento de mi aroma, lo reprimido de mis sentimientos y lo desteñido de mi alma. Supongo que igual las velas hay que encender y con vos soplo todos nuestros días, todas nuestra noches, todas las risas compartidas y todos los sueños que nunca compartimos también. Te deseo los mejores augurios para el futuro que nunca vimos, te deseo la felicidad diaria de cada infeliz día y te deseo lo mejor de lo malo para no terminar peor. Celebro con vos este día que me da una pena infinita, te convido un bocado de mi amarga extrañeza y te saludo de improviso con mis palabras lastimadas que envuelvo en angustia escondida antes de hacerte doler.

domingo, 7 de junio de 2015

Sí, quiero

Quiero decir la verdad. Decir lo que pienso, lo que siento, lo que soy. Quiero describir mi mente, mi alma, todo lo que pasa adentro. Quiero tener las respuestas a las preguntas que no me pude hacer todavía. Quiero saberlo todo, de mí y de otros. Quiero escribir cada palabra que refleje lo que me pasa, para que lo lean y lo entiendan y de alguna forma sepan lo que ni siquiera yo sé. Descubrir los secretos y las señales que no sabemos que existen. Quiero trascender y reformular todo lo que pensaba que sabía, empezar nueva, o retomar mi yo antes de hoy. Quiero comprender y explicar con exactitud el porqué de cada cosa que pasó. Saber cómo iba a ser. Quiero tener intriga, emoción, incertidumbre. Quiero tener ganas de todo de nuevo, de creer que todo es por algo, de saber si al final, como me dijeron, es cierto que cuando te das vuelta y mirás hacia atrás, todo valió la pena.

martes, 3 de marzo de 2015

Cultivos salados en la siembra del mar

Era de cantar, se oía a lo lejos como en los caracoles el mar. El arraigo suelto, ligero, de un amor nunca plantado, se desprende fácil de mi alma deshidratada. Escucho las raíces débiles romperse entre la tierra negra, mientras su mano las arranca y no tiembla. El niño interior angustiado, entre llantos de desconsuelo, dejó pasar el berrinche y se apoyó en otro suelo. Con la retenida comodidad de siempre, no dudo en que se amolda a su mundo reprimido en menos de lo que la espuma tarda en desaparecer de la orilla. Su voz, la de ese personaje que interpreta su sentimentalismo, me hace preguntas que no quiero contestar. Quiere hacerlo bien. Otra vez escucho el mismo ruido imperceptible que aturde mi emoción. Es la arena mojada en la playa que se resquebraja con el calor solar. Las grietas se llenan de agua con sal, arden las paredes, pero no tanto como para perpetrar. Sube y baja la marea, en un ciclo lunar de mil noches que no sé cómo serán. La gran duda que no tengo es que del otro lado del océano algo se debe poder plantar. Ahora queda nadar hasta allá.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Noches de semana

Me gusta la vida a contramano.
El vacío amable
de las noches de semana.
Me gusta el gato sentado
en medio de la calle,
en la madrugada.
Me gusta la luz prendida
de tu ventana iluminada.
El sonido oscuro
de las noches amadas.
Me gusta esta hora
en que la vida está dormida.
El tibio, húmedo vapor
de las vías abandonadas.
Me gusta el descanso inerte,
que despierta en mi camino.
Lo muerto de esta ciudad
que revive a la mañana.
Me gusta el anhelo tierno
de tu boca desahuciada,
en este amanecer eterno
al alcance de mi alma.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Juego sin final

Debe ser porque no sé. Ni qué hago ni qué digo. Es seguro que no entiendo y sabiendo que está mal, es cuando mejor me siento. Será porque no lo creo, porque de mi piel no te despego. Por ahí es nada más que un momento, pero son toneladas lo que siento. Y si no sigo es porque me miento. Pero me quedo y te encuentro. Será la locura de mi vida. O será que ya no es solo mía. Por más que me obligue seguís viviendo en mi día. Y yo creo que es la magia que me anima. Pruebo y todo es más que lo que intento. Soy mi parte de tu juego.

martes, 16 de septiembre de 2014

13 de Diciembre de 2006

Sin cesar todo gira y gira. Increíble es la vida que te tira. No es simple ni divina, solo crispa y te afila. Es así hoy la mía, que de tanto escurrirla esta vacía. Son las hojas del árbol, son las gotas del rocío. Es estar viva en cada brisa, cuando de a poco van bajando las heridas. Yo me acuesto en la orilla y la espuma tibia me moja y me acaricia. Y el cielo una vez más se estrella, sin sacar de sus esferas cada vela. Con la luz en las pupilas y la sangre burbujeante, siento el corazón latir sin prisa. No son dioses ni diablos. No son buenos ni son malos. Son momentos del camino que aglutinan el destino. Y los pozos que esquivo, como precipicios me espantan. Si sin querer caigo en alguno, el agujero negro me rescata. Me pierdo, me odio, me callo y vuelo. Cosas descocidas que de adentro le salen hormigas. Parches en la casa que cuando hay tormenta se desatan. Flores en la basura que huelen a podrida hermosura. Es la vida todo esto, y mucho más que creemos muerto. Son delicias en cristaleros rotos, es el agua estancada del sótano, son las mariposas de membrillo. Todo junto desordenado, crea caos equilibrado. Rompen sueños de papel cada gota de tinta que no se deja caer. Un impacto alocado me da la clave del espanto. Rojo carne, verde hielo: es la síntesis del desasosiego. El sudor salado de mi frente habla por mi cuerpo que es muy fuerte. Mis labios en carne viva, extrañan la saliva que ya no los lubrica. Serán azules los días que faltan para encontrar de nuevo la sonrisa. Serán dulces y amargos, serán lindos y extraños. Serán todo lo que deban ser para culminar con el desconsuelo. Serán alivio y serán duelo. Serán nada, pero llegará el segundo en que los encierre en mi ombligo y a partir de ese momento sólo habrá contento.  

Parafernalia

Parafernalia, el alrededor, todo, todo el tiempo y nunca. Sigo sin saber demasiado de lo que muchas veces pretendí saber. El recorrido intenso de la mirada, no sé adonde va. Flexibles horas encadenadas que se hacen hueco en el espacio y se caen como dominó. Pero no marcan un sólo punto en el inmenso desconcierto que prevalece. Sinceridad con miedo. Amor de refugio. Calor de una noche envenenada de viento. Algunas veces quiero morir. Otras quiero sentir. A veces deseo salir, ayer me quería quedar acá para siempre. Una vez me caí, todavía no sé si alguna vez me levanté. Siempre camino, siempre me olvido. A veces miro, de todo lo que veo, poco creo. 

Platón

Envuelta en intimidades ajenas, descubrí despierta que lo soñado no es suficiente. Sentí dejarlo todo y descreer, aunque una voz que sabía me dijo que no. Sumergí mis ideas revoluciondas en agua hirviendo y la sangre como siempre empezó a borbotear. Pero ya no crujía lastimada ni ardía en la carne viva. Pensé y pienso aún, tal vez ya tomó ese color azulino de la muerte, tal vez ya no es ese carmín líquido que otras veces sentí morir. Me seducía morbosamente la idea de llamarlo con ese nombre secreto, el de ellos, esos en los que yo no entro. Son años, noches, un universo platónico en el que mi estrella no nació. Irme sería sensato, pero esa sensatez en mí no cabe. Callar, ignorar, cantar alegría aparente para no desestabilizar el mundo dorado. Eso que lo hagan otros, yo no. Me cambia por completo la existencia, y el espacio se pone vicioso, y mi alma se transparenta idiota ante todos los ojos intrigados. Pésima intérprete de la felicidad barata. No concibo en mi estancia la contención estúpida de la verdad. Debí haber recordado que soy ruinas reconstruidas de pasados de cristal. Pero una vez más la aguja de metal se encarga despiadada de romper mi fragilidad. Al fin de cuentas soy sola, íntima, mía. Así ahora y acá, así en la amarga eternidad. Aunque me beses y me abraces, a tu mundo privado no puedo entrar.

Hema

La sangre brota, rota.
Invertida de la forma más excelsa
sana, aguada, a veces lastimada.
Dulce cáliz con amargo rosa
la sangre rota, brota.
Espesa, raída como una piedra
fluyendo, aún, no está muerta.
En su oscuro arroyo, un surco rojo
la sangre brota, rota.

31 de Agosto de 2009

Esos ojos de agua, mojados de celeste, de llanto del ayer, que antes eran rosa, que ahora ya no es.
Me miraban enternecidos, de bronca y con castigo, de un anhelo impotente, de ese romántico idilio que no fue.
Y cómo me juraban, mientras se desvanecían en la puerta, que esto nunca iba a terminar, jamás.
Con odio sagrado, de ese interno, que quema con escozor cada partícula sensible de la piel.
Una vez más, mi sangre lastimada, renovada de tristeza, teñida de cielo en mis sueños de crueldad.
Con angustia desmedida, la realidad de a poco se abría con el día, de noche al amanecer, con mi enojo los echaba, los volvía adónde tienen que ser.
Y los malditos recuerdos mirados, de mentira un poco, pero mucho más de una verdad extinguida, me torturaban con resabios de amor nirvana.
Eran cómo el fuego cuando hace quemar, me recorrieron el cuerpo entero, avivando las heridas ya sanadas, cocidas con hilo de gran caudal.
Pero también eran cómo el viento que las seca en olvidos, las hace dejar de arder.
Esos ojos acuarela, azul y blanco, como el cielo, no son tuyos ni de nadie. 
Son de esos amares aguamarina, que el tiempo pintó de extrañeza.

Que los hizo de un color enamorado que una vez yo supe cómo fue.

13 de Julio 2009

Las imágenes recorren su cabeza, como fragmentos de película, fugaces se entretejen en tramas desconocidas que fuerza para que se vinculen entre sí. Sabe a la perfección imperfecta los detalles vagos de su historia. Quiere contarlo. Desea sacarlo de sus pensamientos y convertirlo en letras agrupadas que formen palabras, las mismas que por signos establecidos se harán frases, que dirán cosas, esas que no sabe del todo como dirá. Pero qué las dirá, eso es seguro. 

23 de Junio de 2009

De ayer y de hoy, algunas verdades. Crudas, rozan la piel y se me eriza. Creo que no es cierto, sino es reflejo de lo que alguna vez fue vida. Es que no tengo tiempo para más mala sangre perdida, entonces todo tiene un dejo de desidia. De a ratos me contento, de a ratos me retengo. Son más las horas que quisiera estar dormida que las que despierta me mantengo. En estado de armonía doy pocos pasos, pero de esos estoy segura. El resto son corridas que se aceleran por la tontería de mis años torpes que nunca avanzan del todo. La eterna vida del saber, la corta brecha de las seguridades, la intensa duda del futuro. Estoy desencantada de la gente, no de todos, pero sí de más de los que alguna vez supuse. No es que me hayan dejado sin resto para seguir adelante, pero me dan la confirmación de que no se si alguna vez voy a llegar. Tampoco es que creía que todo iba a estar dado por la simpleza de quererlo, pero no me cierra que nunca nada llegue. Una constante de búsquedas, de amores y de dolores, de los primeros verdaderos y de los segundos, aleccionadores. Poco, es casi nada, lo que hay debajo de tanta energía puesta al servicio de la efímera sensación del tal vez.

9 de Junio de 2009

Del encuentro sublimado al encuentro realizado, infinitas palabras escritas. De extraños y de extrañarse, que la fantasía los mantuvo en vilo con una ansiedad reprimida. Las imaginarias caricias de toda aquella osadía, envueltas en un paquete rojo de una calle perdida. Que la vida les había puesto la consigna, que de la idea magnífica la realidad es bien distinta. Pero sin compasión por las sabidas sensaciones posteriores, sin culpa ni agonía. Que por corto o largo de ese día, que ya sabían lo que venía. Que por injusto no dejó de darles un gusto de calidad desmedida. Por un amor de plastilina decidieron dejar salir el egoísmo que los desvanecía. Que no pensaron en ese instante eterno en otra cosa más que en la magia que los unía.

Que todavía hoy no saben qué vale más, si una sonrisa virtual
 contenida o las mil y una gotas de sudor que por sus cuerpos corrían.

9 de Mayo de 2009

Que es poco lo que dice, no porque quiera callarlo, sino porque es inabarcable el espacio. No entra todo de una vez, pero tampoco serviría. Ni un detalle diminuto de lo que saben de uno se compara con lo que se es. Tampoco se tienen grandes pretensiones, pero qué difícil es, a veces, ser quién uno cree que es para los que ven. No importa para los otros, importa para el ser. Y se la pasa el débil viviente tratando de darse a entender. Pero sufre con la certeza de saber que nunca va a poder ser. No él mismo, sino quién quiere ser, para el de todos y para su propio bien. O eso al menos cree.

3 de Marzo de 2009

Uno de esos locos desorbitados. Que no sabe ni calla cuando todo está salado. Uno de esos pobres mares ordinarios. No por común ni olvidado, sino por el sarro de los labios. Y es visto sin prejuicio. De amor y calma y precipicio. No está hecho de alquimia, es producto del viento frío. Que es cuerdo y desquiciado, a la vez, como blanco y manchado. Sigue en su ruta de papel, con pies de lazarillo joven y mal nutrido. Con miedos inventados, de poco tiempo y mal gastado. Sin dientes afilados, para cortar el ruido que no sabe hacer. Grita y calla y su voz es de cenizas. Porque nada más que trizas son sus risas. Un loco desahuciado. Que de llantos de desidia calmó con placer. De rehacer siempre supo, sin nada absoluto tener. No porque no tenga, porque no sabe querer. Ni eso, ni de posesiones gratis sabe comer. Tierno loco mentiroso, que de lluvias vive sin perder. No por audaz, por capaz. Es fácil su perder. Suma restas que lo van a someter. Uno de estos días amarillos su capa de fiselina va a decaer. Capaz por audacia un tormento enemigo lo haga ver. Difícil tarea, imposible de una vez. La esperanza, loco irrespetuoso, es lo último que has de perder. 

30 de Enero de 2009

En mis tardes de amores olvidados, me canso de mirarlos a todos con los ojos atenuados. No sufro penas desmedidas, son más bien tramos cortos de dinamita entretenida. Es la hora que pasa a contramano, queriendo desmechar el velo de mis años. A la vuelta de la vida, uno sabe que no hay tanta rebeldía. Me hundo en sinsabores y saldos, que son en realidad mentiras trazadas con risa. Uno es tarde y es prisa. O acaso son mis pasos que los encuentro en espinas de caricias. Llueven tiras de almas rotas y confundidas sobre mi cabeza. Me pregunto si son ellas las que me darán la bienvenida. Se cansa uno de tanto renacer. Pero sin quererlo una y otra vez lo vuelve a hacer. Más allá aguardan los destinos, insensatos y desprolijos. Mis oídos se derriten al mancharse con palabras de metal, frías y cortantes, disfrazadas de autoridad. Todos dicen saberlo todo, yo creo que tienen gusto a agua. Podrida. 

9 de Noviembre de 2008

Extraño tu ausencia cercana, como prueba de que alguna vez estuviste acá. Ahora veo y aunque nunca estabas, tengo la certeza de que no estás. Antes eran mentiras que de a ratos olían a verdad. Tu filosofía de recovecos, ideas y salidas, desparramadas en mis narices al azar. Algunas veces nos cruzamos, pero prefería no estar. Algunas veces te busqué, pero el destino era no acertar. Me acuerdo de la primera, ajustada, casi sobria. Acartonada y disfrazada, era de mirar. No supe todo ahí, pero sentí que no me ibas a agarrar. Muchos vientos enrroscados me hacían caer para atrás. Me levantaba y sabía como avanzar. A veces quería amedrentar. Probaba, sacaba, chillaba y otra vez volver a intentar. Otras veces quería simplemente gustar. Al final, como todo, hasta lágrimas te empiezan a brotar. Entendí firmemente que en esto, con vos no iba a contar. Hoy lo pienso, sin querer alborotar, ¿porqué se hace tan difícil cuando uno tiene ánimos de amar?  

5 de Agosto de 2007

En la oscuridad nata de mi ángel, cuento historias que son mías. Salen las palabras pegajosas como miel de los panales. En mi mente hay destrozos y escombros de tu huida. Quedan manchas de amor por toda mi anatomía. Está agujerado mi centro por alfileres clavados en mi corazón. Multicolor es el dolor que cada día siento. En cuotas sale el alivio para que cada mañana me levante de mis sueños. Me encierro en un lugar infinito, lleno de locura y de acierto. Doy más vueltas que un planeta perdido en otro universo. Al único lugar que llego es al escalón del subsuelo. De a poco unos más invento, para ir subiendo sin aliento a cada encuentro. Por inercia de pronto suelto una sonrisa. Creo ahí que la angustia será finita. En el barro se forman grietas, son dulces dibujos de tu silueta. Con cada paso la mastico, la desintegro y la inundo hasta quedarme quieta. El rocío salado mata cada flor que nace a mis costados. Sin embargo salgo al ruedo entre los prados y encuentro en cada semilla un nuevo deseo. Desespero con tranquilidad, sueño mentiras que de a ratos son verdad. Concibo cada idea con pinzas de cristal. Ahora hay que tener cuidado de no volverse a equivocar. Busco por dentro ocasos amarillos, para ver salir el sol cuando mi cuerpo esté listo. Todo esto en caos lo vuelco en papeles de ceniza. Plasmo sentimientos como en un pizarrón se escribe con tiza. Duermen en este mundo mis sensaciones de muñeca de porcelana. Son frágiles y blancas, son distintas y extrañas. Es mi planeta de niña, es mi Marte de cada mañana. 

12 de Noviembre de 2008

Fueron años de crecer. Intrépidos tormentos, fugaces felicidades, desorbitando mi planeta de a ratos, otorgando gracia por instantes que ni siquiera merecía. Fueron estirando la vida, alejándome a cuestas de mi restos del día. Años de soledades en compañía, de momentos inventados de caricias, de risas vagabundas y cortinas de hielo. De mi ser que no reconocía a veces hasta en ocasiones íntimas. De mi sangre brotada, lastimada, cicatrizada, hecha costra y corrompida. Fueron años de cristales rotos y de deliciosos festines compartidos. De caer y levantarse adentro de la rutina. Años de sabiduría barata y de baratijas que me enseñaron una tonelada. De redundancias contempladas bajo la piel agrietada. Fueron años claros, sucios y semi amargos. Varios años, años de una mezcla insensata de vulnerabilidad y rebeldía. De estar todo el tiempo construyendo lo que no veía en la cercanía. Años de locura malinterpretada y contenta, con resabios de corazones en otros lechos. De espinas dolorosas de las más preciosas flores peligrosas. Años de duda en resplandor, desilusión con temor, amor sin motor. Años de destilación emocional que licuaron de mis venas los residuos. Fueron muchos, esos años viejos, los que ya no tengo. Fueron años hechos a medida. Años que no cambio ni por siete vidas. 

jueves, 12 de junio de 2014

Late

Inmersa en una confusión impotente de largas uñas despintadas, que de barrocos sueños se imprimen en teclas prestadas. Una es la vía intrincada, mil formas son las que hay para recorrer. Es destino y atino, los mundos de actitudes juntas a la vez. Impensado, expresado, deseado fruto del cerebro que en manos aguerridas se consume en añicos antes de ser un ser. Vuelven ideales de ideas usadas por mí y por todos y lo novedoso del conjunto no logra ver la imagen que mi ojo titilante no logró aún recorrer.

jueves, 27 de septiembre de 2012

flexiones mentales

De otros leo, veo, sueño. Y a cada rato pienso que puedo. Si vale más la vida que un sólo momento, eso no lo sé, pero algún día espero saberlo. En espacios reducidos, de amplios sentidos transparentes, divagan sombras indelebles que a veces en mi mente retengo. No sé si contar historias o callar secretos, no entiendo cómo todos saben tanto si yo nada comprendo. Y quiero viajar mentalmente al más allá que queda lejos, tan lejos de mi cuerpo pero cerca de mi centro. Y sin querer renuevo, consumo instantes a los que no pertenezco, caprichosa y egoísta, sólo pienso en mi deseo. Incierta, constante, medio viva y medio muerta. Suspiro aires ajenos, convierto pensamientos en aciertos. Quiero ser mucho menos de lo que espero, aunque me lo exija mi propio cielo. Hago lo que quiero, intuyo, percibo y muchas veces entierro. De máscaras benditas y padres olvidados, sola me detengo a enfrentar el desasosiego. No será mi destino el que imagino, será distinto pero será el mío.

jueves, 26 de julio de 2012

Azufre

Y esa mágica mirada que se desvanece en miles de querer y nada a la vez. Y si tal vez, tal vez. Pero lo prohibido no debe nacer. De un código explícito sin explicarse, que las palabras sobran aunque quisieron bastar alguna vez. Pero lo dicho se vuelve incómodo en el aire, ese que tus ojos y mis ojos ven. Sin dudar todas mis dudas, que la regla obliga a mi ser volver. Y lo pienso, cruda, sin objeto ni causa, con intriga de lo que no es. De a ratos la distancia corta se espesa y su densidad imagina arrebatos. Esos que sólo duermen en la piel. Con certezas desdibujadas, de cómo, de cuándo, de por qué. Y lo que importa no son las respuestas vanas, lo que importa es que quiero probar el sabor de la miel. Todo en miles de suposiciones que vuelan entre los ayeres, esos que se fueron y que no van a volver. Y mañana... ¿y mañana qué?

lunes, 2 de enero de 2012

Deseo, deseo y no lo juego. Y duermo por las noches y lo concreto. De conciencia mentida a inconsciente sensato, de días de rimas y noches de llanos. No sé cómo antes, pero al final lo llego. El mientras tanto se vuelve pasado a instantes de estrellarme en mis confesiones relativas ¿Por qué siempre vuelve a mi profundo ser ese extraño censurado? Será que nunca morirá sellado. O es tan sólo un símbolo de lo olvidado, de lo quedado, del sentimiento huérfano que me acosa en las noches de sueño. Hago oídos genios a toda la música que no conozco y mi mente callada saborea esos encuentros cercanos del tipo inimaginado. Ese que nunca pasa, pero que el alma anhela a pesar de los horrores sedimentados.

lunes, 23 de mayo de 2011

Solos con nosotros

Dormiré pero teñidos mis sueños de gris noche, no azul. Quisiera llorar en vez de soñar aunque hoy es casi lo mismo. Te peleé con mis garras, porque quiero más que por algo. Tiemblo de frío y de sombra, en esta casa tan poco mía que ya hace tiempo no es tibia. Rota, en pedazos de grandeza, que como bloques desencajados se amontonan a mis lados. Nada funciona, ni yo acá. Pero afuera ¿adónde voy? No tengo lugar ahí, donde quisiera estar. Busco sola, para mí, para compartir, para vivir sola con vos. Y vos igual, que vivís solo conmigo. No querés, más por mí que por vos. No sabés, más por vos que en sí. Y busco, acá y allá, aunque en el fondo quiero acá. Pero nada veo, aunque todo el tiempo estoy mirando. Entonces te pregunto, te amenazo, me ilusiono, me desencanto. Pero más por hoy que en sí, más por mis tripas que por mi cabeza. No entendés que no entienda, porque pensamos distinto vos decís. No entiendo que no entiendas, porque pensamos distinto debe ser.

lunes, 21 de febrero de 2011

Una taza de café

Se lo dije.
Fue lindo, liberador y pleno. La sensación duró un segundo. Después vino la expectativa, la más frágil que construí en un largo camino. Y entonces me invadió una ansiedad ciega, que me pegaba, me acercaba tanto para no ver, no estar, detener el tiempo, retener lo que no estaba pasando. Se me ocurrió darle un efímero plazo que sentí como una eternidad abismal, forzada, enajenada. No quería ser yo ni estar ahí, donde me había sumergido a mi propio riesgo. Convencida con falsa valentía, aterrada y con seguridad escarlata. La sangre me temblaba por todo el cuerpo. Se me veía el alma, con mis ropas pero desnuda, con una taza de café en mi mano. Y entonces la distancia se hizo presente. A milímetros, a kilómetros.Unos labios que se dibujaron de puro reflejo, los que el gesto inventa como sonrisas. Ese instante en el que llorar o reír da igual. Unas palabras de otra boca, casi no las recuerdo, no se parecían en absoluto a los que mis oídos rogaban escuchar. Silencios, condescendencia. La existencia fulminada. Ya nada tenía relevancia, ni la mera acción de respirar. La taza estaba vacía, de café y de todo. Estalló en mil pedazos, en mi mente, con mil ganas.
Se lo dije. Pero él no.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Interior / Exterior

A veces nos veo a nosotros, a vos, a mí que no soy yo, pero estoy con vos. Y te veo, me veo, nos veo y pienso, qué hago acá, ahí, con vos, juntos, ella, con vos, tan felices, que se ríen y yo me río, de verte conmigo y vernos juntos. Los veo a ellos, que son vos y yo, pegados, apretados, hay tan poco espacio en el medio que no sé cómo hago para verlos, vernos, desde afuera, tan adentro, te veo y me veo, con vos, yo desde afuera, con vos, desde adentro, conmigo, con vos, abrazados, distintos a mí y a vos, pero somos nosotros, los mismos que veo, que están juntos, tocándose, rozándonos, vos y yo, rotos, cosidos, anudados con partes tuyas y mías, de ellos, los de antes que ahora somos nosotros. Él y ella, que se miran, se agarran, que somos vos y somos yo mirándonos desde cerca, descubriéndolos a esos, nosotros, que vienen y van. Los veo y te veo, me veo, nos veo y siento que acá me quedo, con ella, con él, con nosotros ahora juntos, tan unidos, que me miran conectados, a mí que estoy afuera, con vos, con ella, me mirás desde allá, con él, que somos vos y yo ajustados, enlazados, espejados en el reflejo amoroso de mi visión. 

miércoles, 20 de octubre de 2010

El Paraíso está en Río de Janeiro

Un mensaje, dos cuadras y un café con gin. Una noche fría, dos voces tibias, un amanecer. Un sillón acá, una cama ahí y ropa prestada. Un mediodía templado, un parque cercano. No, mejor que sean dos. Una vuelta larga, un paseo incierto, unos zapatitos color marrón. Otra vez acá. Somos vos, un negocio riesgoso y yo, en una distancia eterna que con la tarde se va. Dos manos solas primero, tu mano en mi mano después. El sueño en los ojos reduce a un milímetro o dos la distancia entre los labios. Entonces se sucede en dominó una noche besada, un domingo abrazado, un feriado ideal. Las horas no se cuentan, pero son horas que se van. Una ida impostergable, dos abrazos, una nube de ansiedad. Pero después de una charla blanda, un contacto natural, me tomo un colectivo urgente hasta allá. Y me contás un secreto, o dos. Se siente un dulce calor entre unos libros iluminados, un pañuelo prestado y viaje en motoneta para dos. Sobran risas en tu balcón floreado. Y sin planearlo se pasan los días con un poco de comida, un baño mojado, mucha ropa tirada. Veo dos cuerpos pegados; el tuyo, el mío, pero ya no parecen dos. Hay más madrugadas, también días enteros, unos cuantos son. Ayer, hoy, mañana también. Un comienzo feliz, dos almas fascinadas y un millón de besos con querer.

lunes, 30 de marzo de 2009

30 días

Como si me contara el informe de un país del tercer mundo en vías de expansión, todas mis intenciones convergieron en didascálias que estaban de más. No alcanzaron las ganas ni el mar. Todo se inyectó en furia una noche clara que mis ojos vieron llover donde había sequías perdurables. Vacía me quedé, cuando apenas había cubierto el fondo de la lata con ese líquido que resultó agridulce, en medio de la oscura nada. Me pensó entrometida, tuve que excusarme con casualidades que sobraba explicar. Como si un gallo dorado cantase petrificado a la luz de la luna borravino, el minúsculo tiempo pasó sin penas y sin glorias. No pensé que mis inocentes palabras sofocarían un racionalismo tan arraigado. Pero las formas siempre se mantuvieron, un agradecimiento incesante a gestos tan gratuitos como el aire de respirar. Relajación, nula. Intimidad, vedada. Sonrisa, soñada. La mujer, con flores decorada. Pero no. Me lo avisó con caballerosidad implantada. Puso en su país una barrera de estructura metálica, de ingeniería inteligente, sostenida con objetivos y proyectos a corto, mediano y largo plazo. Con razón los países del tercer mundo nunca se terminan de expandir, pensé. Tienen las barreras y las vías pero aún no tienen los trenes para atravesar las tierras que llegan al mar.

Blown with the wind

Ella camina sola. El viento vuela, mucho. Fuerte a veces, suave también. Y ella se pone la capucha, y un poco se deja ir con el viento que la arrastra, porque quiere o porque ya no tiene tantas fuerzas. Un poco también se deja, porque está cansada, y se agarra la capucha, con sus dos manos, y el pelo un poco se le escapa, por la cara, y le tapa los ojos, y deja de ver. Frena en medio de la avenida, y mil autos pasan, a millones de kilómetros de velocidad, a un paso de su cuerpo. Está ahí y piensa en morir, qué fácil es la muerte. Un sólo paso necesita, o un poco más de viento, que la vuela, a su cuerpo, que está débil de a ratos, y un poco porque ella se deja. Pero no, decide frenar, con el viento que le mueve el pelo, que se le escapa entre la capucha y sus manos, que le tapa los ojos, que ve de a ratos. Miles de luces, o quizás son tres o cuatros, de los autos, que van tan rápido, que si ella da un paso, uno solo, podría morirse. Solamente un soplido más del viento. Su cuerpo volaría, por el viento un poco y por el impacto, porque ella es fuerte, pero tampoco tanto. Una luz colorada frena todo, el mundo de los autos, y el viento no para pero todo está tan quieto que parece que no está. Se acomoda la capucha y da ese paso, impulsado más por voluntad que por el viento, y no pasa nada. No llega la muerte, porque los autos están quietos un poco, pero más porque ella no quiere morirse. El pelo huele a ciego por su mirada, sin ser su dueño el viento, igual vuela por su cara. Ahora tiene frío, se le congela el cuello, es por el viento de hierro, que viene de atrás. Pero camina igual, con tibio miedo, por la calle, sola, con el viento que sopla y la empuja siempre un poco más allá. No sabe creo, que el viento no la quiere arrastrar, el viento la levanta, la empuja, la mantiene en pie, atento a sus pasos, manteniéndola firme cuando está por tropezar.