lunes, 12 de septiembre de 2016

Más que amor

Quisiera que de mí fluyan como cintas de raso, suaves y dóciles, que se se escapen de los dedos con la caricia de la seda. Sin lugares comunes ni prosa oxidada.  Quisiera tener fines y respuestas, del tipo de los que dan paz mental y certezas, que en un instante voy a querer derribar. Nunca pude lograr transformar en letras la sensaciones y pensamientos que me hostigan en ese aparente mar quieto. Me concentro en buscar palabras que salgan espontáneas para crear un sentido de algo que no termino de descifrar. Ese es mi máximo anhelo, decir todo eso que no tengo forma de comprender en vagos remolinos de conexión neuronal. Sé que hay algo más que lo que sé. A veces sueño, cada tanto, algo parecido a la premonición. No llega a serlo, y no me conformo con disfrazarlo de percepción. Me gustaría que algo más elevado que mi ser, me poseyera y pueda transfigurarme en alguna forma concreta, tocable, decible, estable, una forma mueble. No me alcanza con la paz. Me subleva la quietud mental, siempre me regocijo con la obligación autoimpuesta de la decisión. La elección es vital en mi configuración metabólica. No reniego de mi capacidad de análisis, de mi objetivación sentimental. Confieso que he aprendido a manipular emociones, también soy selectiva con los sentimientos y amoldo a mi forma el sentir. Soy una máquina bajo control, con fugaces estallidos hormonales, cada vez con menos agua derramada de los lagrimales. No me siento insensata. Pero no me alcanza con el amor. Llego a él de manera fácil, lo acepto como verdad absoluta. Pero no me alcanza con el amor. Me considero ambiciosa de vida, de ser algo más que la persona que ama ¿Hay más que eso, acaso? Hay. O tal vez es lo que quiero creer. En Mar del Cielo encontraron un meteorito de 30 toneladas bajo tierra. Ayer la verdad absoluta y amorosa decía que no había un meteorito bajo tierra. Hoy dice que sí, hoy muestra que el amor es moroso, debe mucho más de lo que da. En Mar del Cielo, en Buenos Aires y en Londres, en Indonesia y en Mar Chiquita también. Tiene que haber más que verdades absolutas, más que meteoritos enterrados, más que deudas y dudas. Tiene que haber mucho más que amor.